martes, 3 de abril de 2018

Capitulo 1 - El Comienzo

Antes de empezar, solo quería dejar claro que todas y cada una de las cosas que aquí escribiré fueron completamente reales. Fueron y son totalmente ciertas, y todas y cada una de ellas las sufrí en mis propias carnes. Nada de lo que leáis aquí se aleja de la realidad y esa es una de las cosas que más dolor me produce, que nada de esto fue mentira.
Lo único que dista de la realidad es el nombre, puesto que no quiero revelar su verdadera identidad.
También quería dejar claro que cuando todo esto empezó, yo tenía 18 años y terminó cuando estaba a punto de cumplir los 20.
He tardado casi tres años en poder contar todo lo que viví a mis seres cercanos, los cuales no daban crédito a lo que escuchaban de mi boca, no porque no creyeran lo que decía, sino que ellos tampoco se percataron de todo lo que yo había pasado, estaba pasando en ese momento que lo conté y las secuelas que me ha dejado y con las cuales aun sigo conviviendo.

Capitulo 1:

No recuerdo la fecha exacta en la que nos conocimos, pero antes de que todo esto comenzara ya nos conocíamos, e incluso afirmo que nos llevábamos bastante bien. Carlos (nombre ficticio) lo había dejado hacía unos siete meses con su ex novia y yo había estado un mes conociendo a un chico, el cual terminó dejándome porque no me atrevía a acostarme con él. 
Una tarde de primavera, estando yo en casa, triste por la ausencia de aquel chico que me había dejado, recibí un mensaje de Whatsapp de Carlos.
Carlos: Jaaaaan, ¿por qué te tengo puesto "Pollo Hipster" en el Whatsapp? 
Os parecerá una tontería, pero lo cierto es que aquel mensaje me causó tanta gracia que tarde cinco minutos en responderle. 
Janet: Pues es fácil, tu me llamas hipster y mis amigos me llaman "pollo" has ilado dos motes. 

Ese fue el comienzo y durante las dos semanas siguientes hablábamos durante todo el día, era una compañía diaria, aunque no nos habíamos visto durante ese tiempo. Recuerdo aquella sensación como si la hubiera pasado hacia dos días: la emoción, los nervios, la alegría de encontrarme un mensaje suyo todos los días, las confidencias, las risas... y tan solo hablábamos por Whatsapp y tan solo dos semanas. No quería ni imaginarme como sería el día en que nos volviéramos a ver. 
Yo desde luego sabía de sobra como iba a ser mi reacción. Por aquel entonces yo apenas usaba maquillaje, con lo cual mis mejillas se sonrojaban de forma exagerada cuando algo me ponía nerviosa o me avergonzaba y sabía perfectamente que así iba a suceder en cuanto el y yo cruzáramos miradas.
Sin embargo, ese momento llegó cuando menos me lo esperaba. La mañana del miércoles día 5 de Junio de 2013 me llegó un whatsapp, cuando estaba en clase. 
Me informaba que iba a visitarme a mi recreo para verme, ya que las ganas le podían. Recuerdo que en ese momento mi corazón casi salió de mi pecho. No sabía que hacer, iba en chándal, con gafas y el pelo completamente despeinado. Me negaba a que me viera así, sin embargo ya era demasiado tarde, puesto que cuando giré la cabeza, lo vi venir hacia mi. 
En ese momento me pareció el chico más guapo que había visto en mi vida: un metro ochenta de estatura, pelo negro y bien peinado, con las espaldas anchas y los brazos fuertes (no musculados), con aquella sonrisa que quitaba el aire y la mirada más penetrante que había visto nunca. Me quedé sin palabras. 
Me saludó con dos besos y un abrazo. Y yo me perdí, me perdí completamente al sentir como aquellos brazos me rodeaban. Era sin duda increíble para mi, jamás había sentido aquella sensación. 
Nos fuimos a un lugar tranquilo y durante dos horas hablamos y hablamos y hablamos... de todo y de nada, de canciones, de sueños por cumplir, de decepciones, de dolores, de todo lo que nos venía a la mente y entre conversación y conversación me perdía en su mirada y en su voz. Era jodidamente increíble. 
Siempre fui una persona excesivamente habladora y cuando me ponía nerviosa, lo era el doble. Sin embargo ese día, aunque mis nervios estaban provocando cortocircuitos en mi, no me atreví a abrir la boca, pues las ganas de escuchar su voz eran demasiado intensas como para ignorarlas. Y lo dejé, lo dejé hablar, lo dejé que fuera libre en ese momento conmigo. 
Poco después supe que nuestro momento llegaba a su fin. Mis clases iban a empezar de nuevo y yo tenía que entrar. Yo no quería despedirme y mucho menos quería que se fuera. Quería que aquel instante no terminara nunca, pero en ese momento el deber debía anteponerse al placer. 
Llegamos ambos a la puerta de mi instituto y yo no sabía que hacer. No sabía si darle un abrazo, dos besos, despedirme con la mano o simplemente lanzarme y darle un beso. 
Decidí darle un abrazo y dejar las cosas así, sin embargo, al apartarme de él, me sonrió de medio lado y con aquella mirada traviesa tan encantadora que tenía siempre me dijo:
-¿No vas a despedirte con un beso? 
Yo lo miré, sonrojada de pies a cabeza y dejando que él se acercara a mi para besarme. Y exploté, exploté de felicidad y de satisfacción. Besaba como los ángeles, horriblemente tierno y salvaje a la vez, no se como explicarlo. Era estar en la gloria completa. 
Se apartó de mi, se giró y se marchó, haciendo que estuviera sonriendo durante el día completo. 
El miércoles pasó volando, y yo seguía flotando en una nube de algodón de azúcar que se alargó hasta el viernes. 
Ese día habíamos quedado, y yo me esmeré lo máximo que pude para estar guapa para él: me delineé los ojos, me puse rimel y me pinté un poco los labios. Habíamos quedado a las 6 y yo ya estaba nerviosa desde las 8 de la mañana. 
Salí de casa y fui a su encuentro, allí estaba él, parado en mitad del parque, esperándome pacientemente. Conforme me iba acercando, más nerviosa me iba poniendo, cada vez más y más, hasta que él me vio y me dedico aquella sonrisas suya que tanto me gustaba. Se acercó a mi y me besó. 
La tarde fue maravillosa, al igual que el día siguiente, que fue el día que acordamos empezar a salir.
Yo sabía que íbamos demasiado deprisa, solo nos habíamos liado dos veces y habíamos empezado a salir de novios, cualquier persona en su sano juicio no haría tal cosa. Pero yo lo vi como una señal, si ambos estábamos de acuerdo en empezar a salir de forma seria, era porque los dos sentíamos demasiado el uno por el otro, y eso no se podía ignorar así como así. 
Sin embargo yo no sabía en donde realmente me estaba metiendo y en lo insufrible que iba a ser mi vida los dos años siguientes. 
Pero eso es algo que iré escribiendo a medida que desarrollo la historia, no quiero precipitarme y sobre todo lo que quiero es que, si alguien lee esto, que acompañe a cada momento mi situación y pueda o consiga ver, realmente lo ciega que estaba.  
Entendiéndome y comprendiendome a cada paso que nuestra relación avanzaba.